NECRÓPOLIS DEL MONTE AREO

La necrópolis del Monte Areo atesora una treintena de construcciones funerarias prehistóricas que abarcan desde finales del V milenio hasta bien avanzado el III a. C. Declarado Bien de Interés Cultural el 26 de Junio de 1997.


Monte Areo expresa nítidamente las características de los dólmenes simples clásicos. En el centro del montículo artificial se dispone la cámara funeraria, ahora visible gracias a la trinchera que lo corta radicalmente, mantenida tras las excavaciones arqueológicas realizadas en 1991.

Dentro del túmulo podemos observar la estructura del megalito, la cámara quedaba en posición invisible bajo una loma artificial construida mediante la alternancia de capas de tierra con otras de pesadas piedras,

De esta manera, la loma oculta la tumba pero al mismo tiempo señala su existencia.

La cámara funeraria adopta la forma de un gran cofre a base de lastras de roca cuartícica, extraídas de afloramientos cercanos al megalito. A su alrededor una masa envolvente de plaquetas de piedra hacía imposible el acceso lateral al sepulcro.

El techo, una pesada laja del mismo material, estaba a su vez soterrado por el túmulo, lo que hacía que una vez acabado el monumento la cámara resultara inaccesible desde el exterior-

Es posible que durante un tiempo permaneciera accesible para introducir cadáveres y ofrendas hasta finalizar su ciclo de uso, tras el cual se clausurase definitivamente.


La posibilidad de otras interpretaciones, nos deja ante la idea de que cada dolmen tenía su propia historia y que obviamente no podríamos generalizar sobre las mismas.




El Dolmen de San Pablo es el mejor conservado, constituye un ejemplo de cofre megalítico por su cámara sepulcral que recuerda a un gran cajón de gruesas lastras de cuarcita, también situado bajo un túmulo.

En su interior aparecieron algunos vestigios de armas e instrumentos neolíticos, cuchillos, raspadores, hachas pulimentadas, todos ellos realizados en rocas de calidad.

A pocos metros del Dolmen de San Pablo se levanta otro túmulo edificado a finales de V e inicios del VI milenio a.C.  En este caso es una arquitectura enigmática, no es un Dolmen propiamente dicho. Se compone de sedimentos que cubrían los cadáveres depositados en el suelo.

Al final de su utilización fue sellada la tumba con una capa de piedras y por otras tierras hasta dar forma a un túmulo definitivo.

Allí se encontraron distintos instrumentos conservados, ofrendas realizadas en piedra, que se supone que era ofrendas para los puertos, puntas de flecha, cuchillos etc...





El túmulo V de unos 20 m de diámetro, estaba compuesto por la acumulación de sedimentos arenosos. Carecía de cámara diferenciada y la única estructura distinguible en su interior era una banda de gruesas piedras dispuestas a modo de cascada. Con un destino incierto, aunque probablemente sepulcral fue erigido a finales del V milenio a. C. 

La acidez de los suelos hizo imposible la conservación de los restos óseos, pero el análisis de la zona central tiene datos para creer que hubieron varios entierros en la fosa. 

Al pie de las cascada de piedras se hallaban los vestigios de una hoguera, fragmentos de ocre rojo, y el hueco de alimentación de un poste de madera, por lo que posiblemente era un fuego ritual, algo bastante frecuente en los sepulcros prehistóricos.

El ocre, actuando de pigmento mineral rojo, tenía un gran valor simbólico en los rituales, ya que hace alusión a la sangre, a la vida, utilizado en ocasiones como pintura corporal y muy común en las tumbas prehistóricas.

El descubrimiento en el sector central de instrumentos y armas de piedra nos hace acercarnos más aun a la idea del destino funerario de este enigmático túmulo.

El momento culminante de las arquitecturas megalíticas en el norte de la península es el de los dólmenes con cámara alta y pórtico lateral que daba paso a la misma. Los cambios en el modelo arquiectónico afectan también a las ceremonias fúnebres. Ahora la amplitud de la tumba, en comparación con las más reducidas de los dólmenes simples regionales, permite una manipulación más cómoda a la hora de los enterramientos.
Este tipo de megalitos son ya de una época avanzada del IV milenio, siguiendo en uso muchísimo tiempo después. 




El Dolmen de los llanos, momento de madurez de los dólmenes del monte Areo, se compone de una cámara alta y capaz, dotada de un pórtico de acceso, recubierta originalmente por el túmulo o montículo artificial.

Los restos hallados de las ofrendas a los muertos fueron considerables y de calidad: largos cuchillos de sílex, puntas de flecha cuidadosamente labradas, hojas pulimentadas de hacha, un gran cristal de roca o una excepcional cuenta de azabache, entre otros. Esta tumba ya estaría edificada a finales del IV milenio a.C.

A unos 30 metros se conservan los restos de otro dolmen, desmantelados por los buscadores de tesoros , todavía se pueden reconocer las lastras que componían sus paredes y la gran laja de cuarcita correspondiente al techo que pesaría alrededor de 5.000 kg.

Esta tumba neolítica, contemporánea del dolmen del pórtico aportó uno de los mayores ajuares del megalitismo de Asturias, con diferentes instrumentos, hachas, azuelas, escoplos, puntas de flecha, cuchillos , cuentas de adorno, etc..



En el entorno de estas tumbas dolménicas se aprecian los vestigios de otros monumentos de la época, recordándonos la complejidad de los cementerios prehistóricos en los que los dólmenes no serían el componente único aunque indudablemente sí el más llamativo.

En la actualidad cerca de una treintena de túmulos se encuentran en el Monte Areo aunque ha sido fruto del azar. Durante los siglos desde tiempos prehistóricos los túmulos han sido objeto de curiosidad y siempre han sido víctimas de saqueos y destrozos.

Son arquitecturas sencillas y vulnerables y muchos han desaparecido bajo las manos del hombre.

Pese a todo, el monte Areo conserva aún este lugar prehistórico, un vestigio de lo que sin duda constituyó un paisaje monumental mucho más rico y notable de lo que hoy podamos imaginar. Y que espero, deseo incluso ruego al Principado de Asturias que lo conserve, proteja y defienda.


“SILENCIO EN EL MONTE SAGRADO "

Pisando la tierra de mis antepasados, donde aún descansan sus huesos bajo la sombra de Castaños y Robles, escucho en silencio lo que el lugar ha de contarme.
Me susurra secretos que jamás contaré a nadie, mientras me sorprenden las bellas plumas de cuervo que voy encontrando en mi camino.

Acaricio cada piedra de cuarcita que aun asoma en la cantera, que aquellos que poblaron y defendieron mi Asturias amada, utilizaron para crear cada uno de estos dólmenes.
Silencio y respeto, respeto y silencio. 

Observo con cuidado el lugar, tratando de grabar en mi retina la historia de mi historia, la historia de mi tierra.
A lo lejos veo las vistas más increíbles que pueda imaginar mi mente, y puedo colarme en los ojos de algunas de las personas que aquí realizaron sus ritos cuando observaban lo mismo que yo observo ahora mismo.

Creo que oigo el crepitar del fuego, el color ocre enrojeciendo los dedos de alguien que dibuja símbolos sobre las rocas de los dólmenes, tras colocar las ofrendas que acompañarán al otro lado a sus habitantes.

Mi cuerpo tiembla y tan solo dos palabras resuenan en mi mente, Silencio y Respeto, Respeto y Silencio.

© Paloma García 2014





Paloma García Díaz

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