ASTURIAS PARAÍSO MITOLÓGICO

Asturias Paraíso Mitológico y legendario

A lo largo de miles de años, allá donde se unen los siglos para hacer milenios, Asturias ya tenía sus propios dioses, sus propias leyendas, sus propios mitos, mucho antes que la Roma Imperial quisiera poseer todas sus riquezas.
Dioses oscuros que habitaban en la tenebrosidad de la mente de aquellas gentes, diosas que defendían la naturaleza y seres monstruosos que aun hoy en día se esconden por los recónditos parajes de la imaginación de los lugareños.
Hoy, cuando inicio esta colaboración, me gustaría dejar claro que tenemos el privilegio de vivir en uno de los lugares más antiguos de todo el planeta. Un ejemplo de esto lo tenemos en su nombre... Asturias, algo que desde la edad de los metales, viene llamándose gracias a los invasores celtas que, desde el norte de la India, fueron invadiendo toda Europa, dejando constancia en todos los países Occidentales de su paso.

En lo que respecta a nuestra tierra, penetraron por el este y por el norte, Vascones, Cántabros y por fin por las montañas del que hoy conocemos como Puerto del Pontón, donde el Sella nace, bautizándole con el nombre de Stura, con una S y sin la E, algo que significa agua y piedra, puesto que el sufijo Ura aun lo usan en su lenguaje los vascos para denominar, agua o río.
Al ir encontrándose con tantos Sturas, denominaron a esta tierra STURIAS, de eso hace miles de años.
Como veis mi tierra, nuestra tierra, conserva en su legado algo que no poseen otras civilizaciones, una cultura asentada aun sobre sus pilares, un poco prostituida por los daños originados en los diferentes gobiernos, desde Mauregato hasta nuestros días, pero con la carga, que esta tribu, llamada Hijos de LUG nos legó.
A lo largo de los diferentes episodios os iré relatando cual eran sus dioses, mayores y menores, sus mitos e incluso las costumbres ancestrales que, aun, poseemos en nuestro ADN de aquellos Hombres y Mujeres que hicieron de este lugar una tierra de Leyenda.


Hoy, con el beneplácito de vosotros, me gustaría tocar uno de esos mitos, La Huestia o la Güestia.
Al tener una raíz común con todos los pueblos celtas, es lógico que tengamos un parejo panteón mitológico con estos.
En este caso con la Huestia, lo más cercano a ello sería la versión galaica de la Santa Compaña, o La Güestiga de nuestros vecinos cántabros y nuestros más orientales astures, en algunas partes de España Celta son llamados también La buena Gente, los nombres son variados desde Bretaña, Irlanda, La antigua Germania, más en todos ellos late la misma serie de fenómenos.
Este mito se compone de una procesión nocturna, almas de muertos que van penando sus culpas, sus remordimientos y aquello que no pudieron acabar en vida, portan un ataúd,  huesos humanos encendidos para alumbrarse y se visten con sudarios blancos.
Algunas veces, la procesión da vueltas alrededor de la casa de un moribundo, al terminar la tercera, el enfermo fallece, apareciendo dentro del féretro la imagen del muerto, o bien se le ve marchar entre la hueste huesuda y fría de la comitiva.
Los perros con aullidos anuncian la muerte, mientras que, las campanas tañen solas el toque de difuntos.

Esta comitiva también presagiaba la muerte aquella persona que por el camino se encontraba con ella, por lo que tenía que realizar un circulo en el suelo y meterse en él hasta que pasaran los espectros, en otros lugares de Asturias, si esto ocurría y el caminante llevaba ganado, debía cogerse a un Ternero joven, lo que aquí llamamos un Xatu, y cuando la comitiva hubiera pasado podía sentirse a salvo.
Este mito ha servido para múltiples chances, juergas, diversiones y disparates, más hay algo en él que nos hace reflexionar, sobremanera cuando ocurren circunstancias que tanto en cuanto, los testigos de los hechos, no son capaces de explicar.
Me ceñiré a un relato que recopile en mis andanzas por Asturias y llamaré a mi testigo Pepín, la zona del suceso está ubicada en la zona central de Asturias, entre Quirós y Teverga.

“Corría el año 2002, Octubre lluvioso, a eso de las nueve de la noche, ya era noche cerrada, un hombre, Pepín, bajaba con su rebaño para guarecerlo en la tenada de su casa, la linterna de este, alumbraba lo que podía, la vegetación hacía de aquella caleya un túnel mojado, lleno de barro, por donde, Ron el pastor alemán, las cuatro vacas y los dos terneros bajaban con prisa para llegar a su cuadra.
De repente se pararon, nervioso el ganado, quisieron dar marcha atrás, Pepín repartió estopa entre su tropa, pero nada.
Ron, enseñaba los dientes a la oscuridad, empezó a aullar y desapareció corriendo monte arriba.
De la esquina del camino una luz mortecina venía a su encuentro, podían distinguirse cuatro sombras que se alumbraban con algo que parecían velas, con capotes que no les permitía verles sus caras, al fondo venia Saturnino, un vecino suyo, pasaron por su derecha sin mirarle, sin que él pudiera ver nada más que sus sombras en aquella oscura noche de Octubre, más Saturnino se acercó a él y le dijo:
“Pepín, Pepín, di a la mi muyer que tuve yo la culpa, que no quise facer lo que fice, ¿alcordaraste Pepín?”
(Pepín, Pepín, di a mi mujer que tuve yo la culpa, que no quise hacer lo que hice, ¿lo recordaras Pepín?)

Pepín, entre asustado y extrañado, asintió con la cabeza sin saber muy bien que quería decir, tras reunir al ganado, llegó por fin a casa y encontró a la guardia civil, un poco más allá, en la casa de su vecino.
 Fue hasta allí con el fin de saber en qué embrollo se había metido su amigo de correrías.
La esposa de Saturnino lloraba desconsoladamente, mientras era atendida por una amiga. Con nerviosismo, pregunto qué pasaba al cabo de la guardia civil, que le contesto con reticencia:

“Hola Pepín, Saturnino ha tenido un gravísimo accidente, creemos que fue por causa de la tasa de alcohol, chocó frontalmente contra otro vehículo y han muerto sus dos ocupantes, una madre y su hija de ocho años. Hace un momento que nos acaban de llamar del hospital de Oviedo, Saturnino falleció hará tres cuartos de hora.”


Todo su mundo se tambaleo..... Había estado entre la güestia.

Mitos, tradiciones, fábulas, Leyendas... cuando se cruzan en nuestro camino hacen de este mundo un lugar aún más desconocido, aun mas enigmático, todavía más misterioso.


Jose Constantino García

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