Adapa (Mesopotamia)

Inicialmente un sacerdote de Enki en el templo mesopotámico de Eridú, su rutina diaria incluía la elaboración de pan, la pesca a bordo de su propio barco y , a continuación, la preparación de las ofrendas religiosas para el ara sagrada; entre ellas se incluye parte del pan y del pescado. Una mañana salió a pescar y el encargado celeste del viento del sur, un gran pájaro llamado Zu,  probablemente el mismo Anzu que se enfrentó a Ninurta, se dedicó a incordiarle e incluso a atacarle, a fin de impedir que terminase sus tareas. 

Finalmente, hundió la emmbarcación, pero desde el agua Adapa le lanzó una maldición que le rompió las alas. Durante siete días, Zu se vio obligado a guardar reposo ya que no podía volar y, por tanto, no podía cumplir con su función. Molesto ante la inactividad de uno de los encargados de los vientos, el supremo Anú se interesó por lo ocurrido, y cuando Zu presentó sus quejas mandó llamar a Adapa para castigarle con severidad.

Cuando recibió la invitación forzosa de Anú, Adapa se encomendó, temeroso, a su divinidad tutelar. Entonces Enkki se le apareció y le confortó, diciendole que contase solo la verdad y que, en previsión de que le pudiese hacer algún mal, rechazase cualquier alimento que le ofreciesen.

Adapa se presentó asi ante Anú en una comparecencia que se transformó en un juicio. El sacerdote obtuvo el apoyo de algunos dioses menores que justificaron su proceder y además alabaron su piedad y honestidad en el templo. 

El mismo Anú acabó dándole la razón , le perdonó y para compensarle, mandó que le llevasen viandas especialmente preparadas para él. Pero Adapa recordó el consejo de Enki y las rechazó, sin percatarse de que el dios supremo actuaba de buena fe y le estaba ofreciendo nada menos que el pan y el agua de la vida eterna a fin de convertirle en inmortal. 

De esta forma, Adapa volvió libre a la tierra, pero perdió la ocasión de convertirse en una divinidad él mismo.

Paloma García Díaz

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