Litha 2013

En el día más largo, el día en el que la luz del sol nos cubre con su calor durante más horas,  he tocado el cielo desde tus cumbres, observando las aves volar en libertad sorprendida por el vuelo de tres cuervos que observaban nuestra caminata.

Pisando el crujiente manto de pinocha de tus bosques, protegida del sol por las magníficas copas de los pinos.

Pinos valientes, guerreros, que resisten al paso de los años, que sobreviven a los incendios  y permanecen guardando en silencio los secretos de los bosques.

He paseado entre castaños, acariciando los troncos  y respirando los vientos que traían aromas de verano,  recogiendo los regalos que has puesto en mi camino y que conservaré para siempre.

Los sonidos me han acompañado mientras acariciaba las hojas y las plantas que encontraba en mi camino, contemplando cada corteza, cada flor, cada musgo, tratando de llenar mis ojos con tu belleza.

Respiré el olor del mar, el sonido de las pequeñas piedras que se mecen en la orilla de tus hermosas playas, el brillo del sol en las aguas de un mar, azul, libre, grandioso.

He dejado a mi mente perderse, relajarse y volver al ritmo que nunca debí perder, a la conexión que nunca debería olvidar. A los recuerdos  de infancia,  al olor de una higuera, al tacto de un helecho.

Y  cuando el día más largo daba paso a la noche, disfrute del momento mágico en el que el sol  se esconde

tras la montaña, esperando que llegue el nuevo día, continuando con una espiral que nunca para, dando paso a una noche mágica donde la luna me acompañó hasta que los sueños me llevaron a un descanso en el que recordé este maravilloso día.

Paloma García Díaz

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