Mito de Norteamérica, La búsqueda del sol por una araña

Éste es un relato Cheroki, que comienza en la penumbra de la época primigenia. Los hombres frustrado de chocar contra la oscuridad junto con los animales, convocaron una reunión para tratar este problema.

En la reunión, el primero en hablar fue el pájaro carpintero:

-"Los pueblos del otro lado del mundo, tienen luz"- dijo, "podemos ir allí y pedir que nos den un poco".
Una zarigüeya macho se ofreció para realizar el largo viaje y cuando llego al otro lado, se encontró con el sol, sin pensarlo dos veces, cogió un trocito, lo escondió en su pelaje y trató de regresar a casa.

Pero el pedazo de sol estaba demasiado caliente, le chamuscó la cola, y a su llegada ya se había apagado.

A la mañana siguiente acudió a la misión un gallinazo, consiguió atrapar un pedazo de sol y se lo colocó en la cabeza, pero el pobrecito llegó calvo y el sol apagado.

Una pequeña y anciana araña habló desde la hierba:

-"Habéis hecho todo lo que un macho puede hacer, pero quizá una mujer lo haga mejor".

Colocó  una bola de arcilla en un recipiente y partió en dirección al sol, dejando un rastro de hilo tras de si. Cuando estuvo cerca del astro rey, extendió sus patas para hacerse con un diminuto pedazo, lo colocó en el recipiente y siguiendo el hilo que había dejado a su paso regresó del este al oeste.

Mientras viajaba, los rayos del sol crecieron y se extendieron por todo el mundo.

Hasta los días presentes, las arañas tejen redes cada mañana con la forma del sol, para recordar a las personas quién trajo el sol a todas las partes de la tierra.

Paloma García Díaz

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