Mito de los pueblos eslavos, El carpintero, Perun y el demonio

La deidad más importante del panteón de la Rusia precristiana, era Perún, el dios de la guerra y dios del trueno. A continuación paso a relataros un cuento que se narraba ya en la era cristiana.

Perun se había convertido en compañero del demonio y de un humilde carpintero, los tres encontraron en el bosque un lugar perfecto para vivir, así que el carpintero comenzó a construir una cabaña. Labraron la tierra para cultivar hortalizas, y todo iba perfecto hasta que una noche, un ladrón robó todos los nabos de la huerta.

En la siguiente noche, el dios del trueno esperó despierto sentado con un violín en las manos. A medianoche  comenzó a tocar una melodía y apareció el ladrón, una anciana que le pidió que le enseñase la melodía, enseguida reconoció a la malvada hechicera y decidió engañarla.



El carpintero prometió que haría que sus dedos fuesen lo suficientemente suaves como para tocar el violín. Condujo a la mujer hacia un árbol que había cortado con su hacha dejándolo sujeto solo por una cuña, colocó las manos de la mujer en la grieta y  retiró la cuña dejando a la anciana atrapada.

Una vez hecho esto hizo prometer a la bruja que no volvería jamás a la cabaña, tras esto cogió el carro de la mujer, conocido y temido por todos los habitantes de la zona, y la llevó de regreso a su casa, quedándose después con el carro.

Meses después los tres compañeros decidieron separarse, pero los tres querían quedarse con la cabaña por lo que se plantearon una competición, el ganador se quedaría con la cabaña. La competición consistía en ver quien lograba asustar más a los otros dos.

El demonio actuó en primer lugar, creo un fuerte viento , pero no consiguió asustar al carpintero mientras que Perun se asustó.  Perun la noche siguiente desató un gran tormenta, el demonio se asustó pero el carpintero ni se movió.

A la noche siguiente el carpintero llegó a la cabaña haciendo un gran estruendo subido en el carro de la bruja, asustando a sus dos compañeros y quedándose felizmente en la cabaña.

Paloma García Díaz

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