Diancecht (Dios Celta)

En Irlanda la figura divina del Dios Sol curador está representada por el dios médico Diancecht ("de la larga batalla") que juega un papel fundamental en la batalla de Mag Tured, cuando reconstruyó con plata el brazo que el rey Nuada había perdido en la lucha. Las antiguas leyes irlandesas no permitían que un jefe ejerciera el poder si tenía algún defecto físico, y la pérdida del brazo impedía al rey continuar gobernando sobre los Tuatha de Danaan.

Sin la ayuda de Diancecht, Nuada habría sido destituido inmediatamente. Pero permaneció alejado del campo de batalla durante trece días (número muy conocido por ser los meses lunares del año celta, es posible que la ausencia de Nuada sea la transposición mítica de un eclipse). Después gracias al brazo de plata, pudo retomar el mando de su ejército y conducir a los Tuatha de Danaan a la victoria.

Nuada tiene un precedente continental, Nodens divinidad solar armada con maza y sentada en un carro triunfa, también el dios germánico Tyr pierde una mano al imponerse un autocastigo, la coloca entre las fauces del lobo Fenris para ratificar un falso juramento.

En el mito irlandés, Diancecht tiene dos hijos y una hija, Aimed, todos muy hábiles en el ejercicio de la medicina, juntos introducían en la aguas mágicas a los heridos e incluso a los fallecidos en la batalla, siempre que no estuviera dañada la membrana cerebral, al alba siguiente los resucitaban con hierbas y fórmulas mágicas aunque cuentan las leyendas que los resucitados perdían la capacidad de hablar.

Uno de sus hijos, Miach, supera incluso a su padre al recomponer con sorprendente habilidad el brazo cortado de Nuada, evitando así el uso de la prótesis.
Pero Diancecht cegado por los celos, le golpea tres veces con una maza y lo mata, desde entonces en su tumba crecen trescientas sesenta y cinco hierbas medicinales, una por cada órgano y enfermedad, una por cada día del año solar.

Aimed, experta en herboristería, recoge las plantas y las clasifica, pero Diancecht siente envidia de nuevo y las desordena, privando para siempre a los mortales de la posibilidad de curar sus enfermedades.

Paloma García Díaz

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