El viento

Vientos del norte fríos y húmedos
rodean mis ser con mil susurros.
Llevándose lejos tus bellas palabras
apartando de mi tus misteriosas miradas,
que llenaban mi vida alimentando mi alma.

Lejos quedan ya aquellos días
en los que soñaba con tu regreso.
Días en los que esperaba una palabra de aliento,
para seguirte soñando en esta cueva en este encierro.
La verdad se abre clara y limpia ante mis ojos.

Nunca habrá carta, ni susurro de ventolinos,
ya no habrá lucha para salir del castigo.
Debo rendirme al cuélebre no tiene ya sentido.
Aprenderé a no amarte a dejarte en el olvido,
a no escuchar tus palabras suavemente en mis oídos.

Ya no sentiré tus manos, paseando por mi pelo,
ni la seguridad de tu presencia cuando me rindo a los sueños.
Agradecer sin duda a la Diosa, haber vivido este sueño,
pero mi deber es aprender y despertarme ahora debo,
viviendo este presente, esta lucha, este encierro.

Aunque en el fondo de mi alma una pequeña voz me dice
que siempre he sido tuya, tuya ha sido mi mente,
que no podré olvidarte, borrarte ni negarte,
solo podre aplacar mi amor y quizá dejar de soñarte.

Paloma García Díaz

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