Los malinos (Mitología Asturiana)

Los malinos son unos diminutos diablos o espíritus malignos que se introducen en el cuerpo de las personas, con las intenciones de causarles daño. Sin duda, el término deriva de una popularización del vocablo "maligno", que es una de las habituales denominaciones del demonio en la religión cristiana. Una vez que los malinos se acomodan en el interior de las personas, generalmente aprovechan la deglución de las comidas, les hacen sentirse muy incómodos,según cuentan los habitantes de los pueblos asturianos. De hecho en Navia, se pueden obtener algunos testimonios y aún se utilizan frases como "paréz que tenen el demonio nel cuorpo" Generalmente refiriéndose a los niños inquietos.

Se cuenta que su posesión se inicia a partir de las comidas, por lo que es costumbre habitual de las gentes comenzar a comer después de bendecir los alimentos, ya que con ésto se creía que se ahuyentaban todos los espíritus malignos de los alimentos. Quizá la habitual costumbre de oler los alimentos antes de bendecirlos y pasar a consumirlos sea consecuencia de la creencia del desagradable olor a humo de azufre de los demonios, que da lugar a dichos curiosos, como "arreniego de los costrosos del infierno".

Aunque su acción no es especialmente selectiva, si que parece constatarse a través de los testimonios descritos para toda nuestra región que tienen preferencia por los niños y los ancianos, quizá porque ofrecen menor resistenacia a su acción , aunque se cree que su actuación nunca es individual, sino que se juntan cientos y hasta miles de ellos con la intención de causar el mayor daño posible, daño que puede traducirse en el colmo del paroxismo en una verdadera crisis de personalidad, rayana en la locura, que puede conducir, a la luz de algunos sorprendentes testimonios, a la autodestrucción. Cuando han minado hasta la extenuación a una de sus víctimas, se concentran de nuevo para introducirse en el cuerpo de otra persona, aprovechando el contacto físico entre ellas, reflejándose en algunas noticias publicadas por diversos autores asturianos que dicha invasión se realiza a través de las uñas. Se han descrito casos en que sólo una oportuna ingesta de ajo consiguió acabar con el grave problema físico causado en alguna infortunada víctima.

Alberto Álvarez Peña añade una particularidad al personaje, ya que indica que no es visible para el ojo humano, considerándoles de alguna manera la interpretación mítica del microbio como causante final de la enfermedad; aún así hemos de convenir que su carácter infernal es poco dudoso, dada la coincidencia definitoria en toda Asturias. En esa línea, los recientes trabajos de campo de Ramón Sordo Sotres en el oriente asturiano, aportan mucha luz al respecto: considera el referido autor que la vieja creencia en las legiones diabólicas como perturbadoras de la humanidad vienen de la religión persa, de la que procedería el mito. 

Su carácter demoníaco estaría confirmado, entre otras pruebas, por su inmediata acudida cuando se blasfema contra Dios, la Virgen y los santos, introduciéndose entonces en el cuerpo pecador. Algunos testimonios contradictorios que proceden de las pesquisas del mencionado autor los asimilan a siete mosquitos, metidos en una caja, y que salen a causar daño (trasunto comparable al mitologema clásico de la "caja de Pandora"); generalmente, hacían lo que se les mandaba, incluso aquellas cosas que parecían imposible de realizar. 

Considera Sordo Sotres que el mito se fue degradando y, como ocurrió con tantos otros, fue quedando arrinconado y con un único uso, como instrumento de miedo infantil, como hemos podido atestiguar también en el occidente, donde es habitual aplicar el término para definir a los niños más inquietos diciendo que "parez que ye entraron dentro los demonios" o "Tén el demonio metíu nel cuerpo", mientras que la vieja denominación de "malinos" se ha ido sumiendo y prácticamente desapareciendo desde hace décadas, siendo imposible hallar solo testimonio en personas no octogenarias.


Fuente: Mitología Asturiana (publicada por Cajastur, obra social y cultural)

Paloma García Díaz

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