El eco del mar

Sentada en la orilla respiro hondo,
millones de recuerdos abordan mi mente sin ningún tipo de reparo.
Las olas juegan acercándose rabiosas a mis pies y después se esconden.
Sin más, mi mente vuela sobre la espuma blanca, cruzando las olas
y llegando al lugar donde el mar apacible descansa en completa quietud.





Me dejo balancear con  los brazos abiertos, los susurros de los espumeros,
me trasladan a parajes jamás imaginados por el hombre.
Me cuentan historias de amor, de marineros que desde tierras lejanas,
lloran la ausencia de la persona amada, y les piden que lleven palabras de amor
para no caer en el olvido.

Me cuentan que debajo de las aguas, les serenes habitan en un lugar maravilloso,
entre anémonas de mil colores y peces inimaginables.
Tan hermosas, tan perfectas, con sus lindas voces entonando cantares de ensueño,
ocultando en ocasiones, una personalidad perversa que les lleva a apoderarse de los marineros,
que jamás regresan a la costa.


Me hablan de millones de tesoros en el fondo de las profundidades marinas,
custodiados por los cuélebres ancianos que se retiran a vivir al fondo del mar,
arrastrando sus pesados cuerpos hasta la orilla donde el líquido elemento facilitará su carga
y algún viejo barco hundido se convertirá en su refugio,
para el resto de sus días.

El olor del mar y el balanceo suave y sedoso deja mi cuerpo relajado,
mi mente despejada y los miedos apartados temporalmente de mis pensamientos.
Las historias de los espumeros revolotéan frente a mi en forma de mariposas,
con las alas cargadas de leyendas de amor y fantasía.
Los cantos de les serenes, impiden el paso de otros sonidos en mis oidos,
solo siento paz y tranquilidad mientras respiro hondo el eco del mar.

Paloma García Díaz

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