Leyenda Asturiana de, La Santina.



Los mitos y las leyendas se han transmitido siempre por vía oral, formando parte de un cúmulo legendario que constituye una más de las herencias culturales. La tradición asturiana ha transmitido el recuerdo de varios seres míticos, en su mayor parte relacionados con algunas de las fuerzas naturales, que ya definían nuestros ancestros, como son el agua, la tierra, el aire o el fuego del hogar.


Del tradicional mitológico asturiano forman parte personajes como las xanas, las sirenas, el cuélebre, los moros, el nuberu, el trasgu, el diañu burlón, el busgosu, el hombre lobo y otros más, cuyas leyendas y sucedidos se han transmitido durante siglos, contados las más de las veces al calor y luz del llar, centro de la vida familiar hasta tiempos muy recientes.
Diversas creencias y supersticiones aún siguen vigentes en la sociedad actual, no sólo en lo que queda del antiguo mundo rural, sino en la moderna sociedad urbana que consulta horóscopos, videntes o cree en la buena o mala suerte.


Asturias no es tierra de grandes devociones o alardes de piedad colectiva, no tiene semanas santas a la castellana ni ostentaciones de fe a la andaluza. La geografía y la historia han diseminado por las aldeas y los valles perdidos muchas capillas diminutas, pero pocas iglesias imponentes. Y sin embargo, hay acuerdo general a la hora de considerar a Covadonga como su corazón simbólico y mítico, su historia empieza antes de los romanos, y la cueva era ya un centro de culto y referencia antes de la cristianización: un lugar que por muchas razones lleva miles de años atrayendo a la gente.


Todavía los más viejos de los alrededores recuerdan a los peregrinos que subían de rodillas el último tramo hasta la cueva, y, la Santina, inspira aún una especie de afecto general, siendo considerada la madre, mas o menos, de todos los asturianos.




En Asturias, todo esto se remonta a la época en que se adoraba a alguna divinidad maternal y fecunda, como siempre, cambian los nombres y las advocaciones, pero permanecen la sensación de protección y los lazos que conforman lo que se da en llamar una identidad colectiva, llegando incluso a ser una imagen mitológica.


Y no es para menos, pues esta pequeña talla de La Virgen de Covadonga, en su origen era una virgen negra, al igual que La virgen del Pilar o Montserrat, la moreneta. Es decir, mucho antes de existir Jesús y la Virgen Maria, estas diosas negras, llamadas también Devas, eran las madres protectoras de la Naturaleza, encontrándolas cerca de ríos, cascadas, fuentes, lagos o incluso en los acantilados cerca del mar.


Fueron traídas por nuestros ancestros, Los Astures, cuando aun no sabíamos usar la fragua para fabricar el hierro. De eso hace cientos de siglos, cuando aun la cultura griega estaba en pañales.


Estas vírgenes negras, eran llamadas así, por estar esculpidas en una madera fuerte que, a causa de estar en altares al aire libre, el viento, el agua, los cambios climáticos, el sol, hacia que esa madera y los años de exposición fueran dándoles ese tono cromático.


Se ocupaban de ellas, bien sacerdotisas, bien sacerdotes o druidas, limpiando los altares construidos y dejando en ellos prebendas que aun hoy podemos ver en muchos de esos lugares, como son los exvotos.


Poco a poco, se fue edificando iglesias alrededor de donde se celebraban cultos precristianos, tomando para si los adeptos de estos ritos y trasmutándolos en lo que hoy conocemos. Alrededor de los ancianos tejos se hacia el consejo, se dirimían problemas vecinales y se encomendaban al dios que necesitaban, fuera para el cultivo o para la guerra. Es por eso que donde se ven esos árboles míticos, sea el tejo o el Carbayu, el roble, siempre encontramos una antigua iglesia.


Mas volviendo a lo que ahora nos ocupa, la leyenda de la Santina, muchos pensaran en la legendaria, allá ocurrido o no, batalla de la Cova Santac, la batalla de Cova Longa, Cova Dominica o como la queráis llamar, pues no, mucho antes de que eso ocurriera, hay constancia de una leyenda mas antigua aun, donde tanto Pelayo como ella tienen su encuentro, la cual paso a relatar:


“Siendo Pelayo un joven con ganas de aventura, pasaba los veranos en tierras maternas, allá en Canicas, (Cangas de Onís), oyó a un cazador furtivo disparar sus flechas contra un venado, sin permiso para cazar en las tierras de su familia.


Pelayo espoleo a su caballo para dar caza al cazador, mas este viendo lo que se le venia encima, corrió como alma que lleva el diablo adentrándose en la espesura de un bosque. Cuando Pelayo, salio de ese bosque pudo ver una cueva y una cascada, un poco mas allá al que había delinquido y cerrándole el paso un viejo druida que portaba una imagen de una deva en sus brazos.


El anciano le dijo que estaba en tierra sagrada y que no podía derramarse sangre, ¡Ay de aquel que en este lugar derramare sangre, caerá sobre él, la maldición de la diosa!




El sacerdote, intercediendo por el furtivo, pidió al joven Pelayo que le perdonara por reverencia y respeto a la diosa diciéndole: “... Quizás algún día tú mismo puedas necesitar el auxilio de estos lugares y la Deva que los custodia”.


Parece ser, que, años después, estos lugares fueron las fortalezas naturales para comenzar a construir la reconquista. Aunque de eso ya hablaremos más adelante.


Como veis los mitos y las leyendas, se unen a las religiones y es que, lo hoy nos parece absurdo, ayer fue el culto en el que se apoyaban nuestros ancestros, transformándose, poco a poco en lo que hoy vemos, llegado este punto, habría que alimentar de mucha fe al ciudadano actual para sentir que no hay en la religión actual un porcentaje amplio de mitos y leyendas, pero es así cuando lo arcaico va desmenuzándose y la ciencia alcanza el grado necesario para dar las explicaciones a situaciones y hechos, donde no hay mano divina y si mucha mano humana.


Hay un dicho: “DIOS hizo al hombre y el hombre agradecido creo a DIOS”.


Mitos, leyendas, tradiciones arcaicas, religiones ancestrales rodean nuestra sociedad haciendo de ella un lugar fértil para cosechar historias como estas que os relato.

Paloma García Díaz

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