Árboles, plantas, animales y minerales mágicos y asturianos (parte 2)

También la llamada, Piedra del águila, la cual se encuentra en los nidos de este, con la que decían ser utilizadas por ella, para asegurar la eclosión de los huevos, dicen que apresuraba el parto y que descubría a los ladrones.
La Piedra de la culebra, es la serpentina y como su nombre indica sirve para ahuyentar a serpientes, o la Piedra de la leche, se trata del jaspe, y su utilidad era la de propiciar la secreción de leche, en las mujeres. También la Piedra del rayo o el pedernal, se uso desde tiempos remotos, para protegerse del rayo. Curiosa es La Piedra de San Pedro o  La quiasolita,  autóctona de la comarca de Boal, en el Occidente de Asturias, llamada así, por disponer en su interior de una cruz de brazos iguales, era usada contra demonios y brujerías, o la Piedra de la sangre, que es el jaspe rojo, el cual decían tener las propiedades de curar hemorragias y demás males de la sangre.
Todos estos elementos minerales y vegetales aumentaban su poder mágico si eran administrados por los distintos profesionales de la magia y la sanación que habitaban en los distintos clanes. Cada uno de estos tenía una forma de trabajar y eran denominados de diversas formas en función de su labor. Enunciare algunos como los Brujos, ordinariamente pertenecientes al género femenino y conservadores de una antigua religión ligada a la naturaleza, practicaban hechizos, medicina tradicional y adivinaciones. Temidas y respetadas al mismo tiempo, gozaban de gran influencia en el entorno rural. Hoy todavía siguen en activo algunas en los pueblos más cercanos a Galicia y las gentes siguen consultando sus oráculos y para que les "pasen el agua", para quitar el mal de ojo.
Las Parteras, también llamadas las "curiosas", atendían en el parto, pasaban el agua, conocían de medicina tradicional, y por supuesto no tenían ninguna carga negativa, como si podían tener las brujas o brujos, las cuales podían trabajar en los dos lados, al lado del bien o del mal.
Los Ensalmadores, cuya función era la de curar a través de la repetición de ensalmos y conjuros, o los Saludadores, un curioso ejemplo de curación en el que intervenía la saliva del saludador, la cual se decía, tenía propiedades mágicas.
De igual manera, había animales considerados sagrados, los cuales eran respetados y, a veces deideficados, los conocimientos de, algunos de ellos, han llegado hasta nuestros días como las Abejas, en Asturias se respetaba a este insecto hasta el punto de existir máximas condenatorias para aquel que las mate, o el Gallo, unido siempre a rituales de fertilidad, la lengua asturiana, esta repleta de menciones a este animal.
El Lobo,  animal que creían, aliado del demonio, existía la tradición de que, si el lobo, ve primero al hombre, a este, se le ponen los pelos de punta, encanece, o se le cae la faja que trae anudada en la cintura. Para ahuyentar al lobo había una manera eficaz, la cual era teniendo que llevar una luz, o bien, llevar la faja arrastrando por el suelo. También exitía la tradición, de que si el lobo, come a un ser humano siempre deja intacto el brazo derecho. Otro de los animales mágicos era la Lechuza, teniendo muchas designaciones en nuestra lengua, quizás la más conocida sea la de curuxa. Animal místico, su ulular cerca de la casa de un enfermo, decían que anuncia la muerte de este.
Como podéis observar, en Asturias, es todo tan mágico y especial, que cualquier paraje de esta tierra, nos trae a la memoria tiempos en los que formábamos parte de un universo trascendental, donde cada ser, era considerado de utilidad. Hoy en día, todo queda en la superstición histórica de aquellas gentes, tal vez más animadas por ese “animus”, por esa alma, que nos unía con fuerza a ese cosmos que nos rodea.
¿Eran tiempos peores o mejores? Que más da, a veces las antiguas creencias son mejores que las realidades putrefactas de esto que llamamos presente, tal vez sea bueno releer aquello que el filósofo griego Platón describía como el Mito de La Caverna.

Paloma García Díaz

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