EL SUMICIU

Es menos conocido que el Trasgu, pero al igual que éste, es un duende del hogar. Se encarga de robar, algunos folcloristas así lo creen, sin mala intención las cosas. Nada se escapa a sus largas uñas. Su propio nombre indica su tarea, Sumicio tiene origen en sumere, del Latín tomar, adquirir, apropiarse…

Se le asocia con los despistes y las desapariciones de objetos, siendo muy habitual en Asturias oír la expresión “llevolu el Sumiciu” o “páez obra del Sumiciu”. Este ser, dicen que es de un tamaño sumamente pequeño o incluso se puede hacer invisible.

Pero a la par que hace desaparecer las cosas, que no pasaría de ser el lado más o menos desenfadado de su actuación, también puede ser muy dañino con las personas, este carácter dual, encarna la eterna batalla entre el bien y el mal, es consustancial al mito y lo podremos constatar en todos los estudiados.

Este duende es más siniestro que el trasgu, llegando incluso su poder a ser capaz de "sumir" a las personas, especialmente a los niños. Es decir, por sumir, se refiere a Ir haciéndolas desaparecer poco a poco. 

De ahí procede el conocido dicho popular, muy repetido aún entre nuestras gentes, "Mal sumicio te suma" o esta otra variante "Mal sumicio te lleve". Por tanto, está provisto de unos efectos dañinos y letales, como si de un poderoso virus se tratase.
Tiene una gran afición por guardar todas las cosas que se encuentra. Suele vivir en los hórreos o desvanes de las casas aunque también le gusta enredar por debajo de las camas de los dormitorios. Es muy ordenado y siempre guarda todo lo que recoge en un mismo sitio, que solo el conoce, por lo que cuando algo falta en una casa, llega a ser tan difícil de encontrar que es mejor dejarlo por perdido.

Principalmente se complace haciendo desaparecer aquel objeto que su dueño acaba de tener entre las manos y que, misteriosamente parece haberse disuelto en el aire. Igualmente, a mi entender, la afición más peligrosa que tiene este ser, consiste en cambiar el vino de los barriles por agua. Es decir que en muchos chigres de entonces, cuando el vino llevaba mucha agua, se le echaba la culpa al sumiciu.

Aun así, la manera de librarse del Sumiciu, amén de recuperar los objetos perdidos es simple. Dicen que hay que rezar una oración a San Antonio pero sin cometer ni un solo error, si no, los objetos perdidos, jamás se recuperarán.

Como os decía, rezando la oración de San Antonio, la cual, si va acompañada de una dádiva, dicen dar un resultado sorprendente, ya que se halla pronto lo perdido, atribuido por las gentes no a un simple dispositivo de estimulación mental, sino a la acción benéfica del santo milagroso, el cual bloquea los perversos poderes, que dicen tener el Sumicio.

Bien sabido que, al rezar la oración, no se puede cometer ningún error, pues entonces el objeto deseado nunca más aparecerá. En Somiedo y otros lugares de Asturias, se utiliza la "riestra" de ajos en hórreos y casas, como forma de conseguir que este ser quede neutralizado, ya que, en el trasfondo de estos mitos siempre van parejos las creencias de las ánimas, las brujas y los diablos...

Decía que el Sumicio acostumbra desaparecer las cosas, de manera especial aquellas que, en un determinado momento, resultan imprescindibles. Así, cuando se precisaban unas tijeras o un cuchillo en la casa y no aparecían, la malhumorada ama murmuraba:

"Paez que lo llevóu el sumicio". Así se ha oído multitud de veces en muchas casas y así lo atestiguan algunas curiosas historias, como aquella en que la devota señora, entra en la iglesia y va a rezar el Rosario, empieza a rebuscar, busca y nada, que no halla el suyo, estando segura de haberlo traído con ella, exclama: "En mi vida nunca oí qu'en la iglesia entrase´l trasgu; pos si él nun entra eiquí, que sumiciu me garró el rosario".


Paloma García Díaz

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