El carro de la muerte

Dos son los mitos que se acercan a la muerte, con la ya mencionada güestia, el carru la muerte y el güercu, los que ahora trataremos.
La muerte era uno de los temas que más ha traído de cabeza a la humanidad, comprender el final sin saber por que el principio, o dicho de otra forma, no saber para que estamos aquí y que encima se nos lleven, es como salir de un cine sin haber entendido la película, ni la trama o el argumento, ni los diálogos, ni tan siquiera la música.
Por ello, es de entender que, aquellos ancestros vieran en ella algo sobrenatural y en todas las ocasiones una putada hecha por la vida.
Vamos, primeramente a conocer de donde proviene este mito de El Carru de la Muerte. Para ello, vamos a desplazarnos a otro lugar de origen celta, la bretaña francesa y conocer a su conductor, llamado Ankou.

Ankou es el personaje de la mitología bretona que va cada noche en su carro buscando a las almas moribundas por todo el territorio de su parroquia. Se le representa como un esqueleto vestido de negro, con sombrero de copa y, según la leyenda, es el alma de la última persona en morir en la parroquia.
Llega a las casas de los pobres infelices y les arranca el alma del cuerpo con ayuda de su guadaña. Según mitólogos e historiadores, el Ankou es una supervivencia de un dios celta de la muerte.
Podría tener que ver con DIS PATER, pues este era el dios de los muertos y “el primero de los antepasados”. Tenía a su cargo la recepción de las almas y la búsqueda de nuevos cuerpos donde incorporarlas una vez fallecidos aquellos cuyas almas buscaban nuevo alojamiento, así se aseguraba  la continuidad de la tribu. A veces trabaja en solitario y en otras ocasiones le echaban una mano algunas deidades femenina como Herecura,  responsable de la fertilidad del fuego.  Era conocido en la Galia romanizada.
También DONN, dios irlandés de los muertos, el cual, los acogía en la isla de Tech Duinn, al sudoeste de Irlanda. A él, espíritu de lo oscuro, invocaban muchas veces los druídas en sus rituales mágicos.
Más volviendo a nuestro carru de la muerte es este un carro que vuela por los cielos asturianos buscando a los moribundos para recoger el alma de este cuando fallece, en algunas historias se cuenta que de él baja la Güestia. En otras historias el carro va por los caminos con ruedas de corcho para que no se le oiga, va conducido por el último fallecido de la parroquia, se para enfrente de la casa del moribundo y dice la siguiente frase invocando el nombre del personaje que habita en la casa y va ha fallecer “sal que aquí te busquen
Algunos folcloristas dicen que no se ven los caballos que tiran de él y aparentemente no lleva conductor. Pero volviendo a su leyenda podemos tener una idea de que es, puesto que algunos habitantes asturianos lo vieron. La leyenda dice así...
En San Pedro de la Llama, en Ribadesella, vivía una anciana a la que apodaban la Señorona. Los vecinos, se extrañaron de no verla por el pueblo hacía días y fueron a saber de ella, cuando llegaron era de noche y la encontraron acurrucada en el llar, pálida y tiritando de miedo… En cuánto ella los vio les gritó:
¡Ay, probines del corazón, que acaba de pasar la el coche de la muerte por encima de la casa de Pepillo!
Pepillo vivía enfrente de la Señorona, era muy anciano, y, para más INRI, en aquélla ocasión estaba malu.
¿Y vióle usté María?- Le preguntaron.
¡Como ahora te veo a ti!- Contestóles La señorona.
Se armó un revuelo en el pueblo y cuando llegaron las demás mujeres, procuraron animarla. El carro, seguro que no vendría por ella, pues aún no era muy vieja ni tenía grandes enfermedades.

La tía María o como la llamaban, la señorona, se calmó y  dado que hacía poco había hecho el Sanmartín con un cerdo enorme que tenía, se puso con otras vecinas a realizar emberzados, plato exquisito, tan exquisito que era una tentación para nuestra señorona.
¡Mi alma que pinta tien esti emberzau! - dijo una vecina.
Anda ponlos a cocer, que vamos probalos - dijo la Señorona.
Metieron los emberzados en una caldera muy grande y siguieron su labor. Al poco rato se levantó la Señorona y sacó un emberzado por los hilos. En aquel mismo momento dijo una de las mujeres comentó que Pepillo había mejorado bastante, y la Señorona partió en dos el emberzado y repentinamente cayó al suelo. Acudieron las mujeres en su auxilio, pero ya la encontraron muerta…
El emberzau mortal, el carru de la muerte, quien lo sabe, pero murió siendo testigo del paso de aquel carru.


Paloma García Díaz

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