El Busgosu

Ahora quisiera hablar de un mito, cuyo nacimiento y trayectoria aun no esta claro, en cuanto a la referencia de la denominación de origen.

Más esta latente a lo largo de todo el planeta, estamos hablando del Busgosu o su similar con los diferentes países como en el norte de la India, El Yeti, en los Estados Unidos el Bigfoot, etc.

El Busgosu es un ser mitológico controvertido, cuya presencia en el panteón mitológico asturiano ha sido negada por algunos folkloristas como Aurelio de Llano que creen ver una dudosa procedencia de fuentes literarias y creen que no ha dejado este ser, rastro alguno en leyendas o relatos de la tradición oral, más no es así, puesto que yo he recogido un relato que después contaré.

El Busgosu, dentro de nuestra mitología, sería el Señor del bosque, un personaje de aspecto semihumano, cubierto de pelo. Visto a veces, con patas y cuernos de cabra, cuya figura se correspondería con los faunos, silvanos y sátiros de la mitología clásica grecolatina, aunque no siempre.

Se dice que rapta a las mujeres para gozar de ellas en su guarida y que siente gran aversión por los cazadores y los leñadores, a los que trata de espantar o extraviar si se adentran en sus dominios.

En Asturias, y según el testimonio de distintos folkloristas, recibe el nombre de Busgosu, Mofosu y Vellosu, apelativos que hacen referencia a un cuerpo cubierto de pelo o de musgo. Entre sus parientes más próximos se encontrarían el Musgosu cántabro y el Basajaun o Señor de los bosques de la mitología vasca.
Este mito no es exclusivo de Asturias, podemos encontrarlo por diferentes regiones de España, aunque con algunas diferencias morfológicas. Por ejemplo, en  Euzkadi, podemos encontrarlo como el Basajaun, genio protector de los bosques y de los seres que en ellos habitan. Sin embargo, también se habla de él como señor de los bosques y se le representa con una larga cabellera.

Esta misma tradición la hallamos en Cantabria, pero en este caso el mítico ser tiene forma de trasgo. No podemos olvidarnos del Basajaun aragonés, criatura de los bosques pirenaicos que, al igual que su homónimo vasco, ayuda a los pastores a cuidar el rebaño.

Estas leyendas ponen de manifiesto que en el norte de España, en las zonas más boscosas e inaccesibles, existe la creencia en una especie de hombre salvaje que habita el interior de las forestas y que ayuda a la naturaleza y al ser humano en sus quehaceres básicos.

Quizá nos enfrentamos sólo a una serie de narraciones legendarias; pero como en todo mito, siempre existe un poso de verdad, aunque oculto bajo el velo de la imaginación y la tradición.

En un terreno como Asturias, donde aun hoy, hay un alto porcentaje de masa boscosa, podemos hallar entre sus raíces a este ser mitológico, por lo que, no es extraño que surgieran leyendas alusivas a la existencia de seres y criaturas fantásticas que moraban ocultas en la foresta.

Para el astur ancestral, los árboles adquirían una gran importancia. Baste pensar que las decisiones que afectaban a todas las comunidades se tomaban en tomo a un Tejo o Texu, igualmente el roble o carbayón poseía unas características parecidas, como el de Bermiego en Quirós.

En el folclore Celta, a los bosques se les llegó a atribuir pensamiento racional, como parte de la Diosa Madre o diosa de la Naturaleza pudiendo estos bosques tener la facultad de comunicarse y hasta de desplazarse.

El Busgosu, por tanto, no representaría más que la creencia en un espíritu del bosque al que se le confirió un aspecto medio humano, medio animal. Igualmente nos encontramos con mitos similares en otros argumentos culturales. Así, el Busgosu, posee grandes similitudes con Prometeo, aquel humano que robó el secreto del fuego a los dioses. Por lo tanto, todos estos personajes fueron considerados protectores de los hombres.

Sin embargo, puede que la figura del Busgosu no esté basada simplemente en la imaginación de los antiguos pobladores celtas. La descripción tan detallada del personaje y su similitud con los antepasados del ser humano, han inducido a algunos investigadores folcloristas disconformes a pensar que quizá la leyenda posea cierta base real. Diciéndolo de otra forma, puede ser que en un pasado remoto algún tipo de llamémoslo «yeti» debió vivir junto a los hombres en esos parajes.

Puede ser que el Busgosu, en realidad sea la evocación vetusta, de una época en la que coexistían neandertales por el territorio astur. Realmente, se sabe que éstos llegaron a convivir durante unos 10.000 años con los hommo sapiens, nuestros ancestros.

No es tan absurdo que, los antiguos habitantes de la comisa cantábrica, hubieran visto en esa raza, hoy desaparecida, una especie de semidioses. El paso del tiempo y la imaginación acabarían por crear la imagen del Busgosu, cuya leyenda ha subsistido hasta nuestros días.

De hecho, los fósiles más arcaicos de los neandertales han probado que comenzaron a repoblar el planeta, alrededor de unos 150.000 años antes de cristo. Su aspecto era más grueso que el de los homo sapiens, con miembros más cortos y una altura pequeña, aunque parece ser que algunos de estos especimenes podían llegar a medir sobre 1,70 metros de estatura. El pelo cubría todo su cuerpo y su gran masa muscular les infería una fuerza tremenda.

En aquellas remotas épocas los hommo sapiens veían a los neandertales como una especie superior, tanto por su fortaleza como por sus habilidades, ya que los hallazgos antropológicos han demostrado que poseían unas capacidades técnicas y manuales muy notables, incluso superiores a las de nuestros ancestros.

Los neandertales eran capaces de fabricar útiles y herramientas de madera y piedra, lo cual les permitió mejorar las técnicas de caza.
Se ha averiguado que llegaron a dominar procedimientos complejos, como el del calentamiento de la resina de abedul, que luego utilizaban como adhesivo entre la piedra y la madera.

También eran agricultores, cazadores y recolectores. Gracias a su robustez e inteligencia pervivieron durante miles de años. Habitaban en cuevas que preparaban para la llegada de los inviernos levantando cabañas y muros de protección en su interior.

A pesar de su aparente superioridad sobre otras especies, se piensa que los neandertales desaparecieron hace unos 30.000 ó 40.000 años, coincidiendo con la invasión de las poblaciones de homo sapiens llegadas desde África, aunque esto último es cuestionable pues parece ser que incluso regresaron de nuevo a donde nacieron.

Curiosamente, uno de los últimos reductos de neandertales se localizó en la Península Ibérica y, más concretamente, en la zona norte y los Pirineos. Algunos vestigios, como los hallados en la localidad cántabra de El Castillo, dan cuenta de su presencia.

Por tanto, es fácil concluir que en aquellas zonas de la Península en las que habitaron neandertales perviva hoy en día, la creencia en el Busgosu, el Basajarau o el Basajaun. Los homo sapiens y los neandertales llegaron a convivir por espacio de miles de años. Incluso se piensa que haya habido la posibilidad de que ambas razas se cruzaran de forma ocasional, aunque de ser así, sus descendientes no tuvieron éxito y desaparecieron irremediablemente. Si realmente, ese contacto se produjo, es de suponer que haya habido también algún tipo de intercambio cultural.

En esta supuesta relación entre ambas razas, los neandertales serían vistos por los homo sapiens como una especie antigua y ancestral, por lo tanto serían para ellos, seres superiores o maestros que les transmitían saberes básicos para habitar el terreno novedoso donde ahora existían los Hommo Sapiens.

Algunos criptozoólogos, investigadores de animales imposibles, aseguran que no es tan absurdo suponer que en el interior de nuestros bosques exista algún tipo de criaturas desconocidas, descendientes de los antiguos neandertales.

He tenido el testimonio de un amante del treking, donde me relata como en una zona de bosque del municipio de Cangas de Narcea al de Allande, por el Pozo de las Mujeres Muertas, atravesando esa zona boscosa se encontró, de repente, con un animal que media casi dos metros, cubierto de pelo, que se desplazaba a dos piernas y que al oírlo se volvió y le miro, palabras textuales de este hombre, “no era un oso, podía ser cualquier cosa, pero un oso no, se como son”.

De hecho, ocasionalmente se recogen testimonios de personas que aseguran haberse topado con seres extraños en los bosques españoles.

Así ocurrió en 1968, cuando un motorista avistó en la localidad de Hostalric (Girona) a un «animal de cuerpo grande, peludo, que cruzaba la carretera con aire cansino». La misma descripción que ofrecía días antes otro testigo en el pueblo barcelonés de Vilobí. No han sido encuentros aislados, pues en los años 80 siguieron recogiéndose descripciones semejantes, esta vez en el Pirineo oscense.
Los encuentros, como no, tuvieron lugar en las mismas zonas donde perdura la creencia en seres parecidos al Busgosu.
Poned atención pues, puede que este fin de semana en vuestros paseos por los bosques astures os encontréis con él, tal vez el mito se convierta en realidad y así sentir las raíces de nuestros ancestros, enroscarse entre nuestra realidad y nuestra fantasía.

Paloma García Díaz

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