UNA NOCHE MÁS

Oigo a la curuxa, en un árbol cercano,
seguro que se encuentra en el amplio llano
donde las vecinas hablan si ningún reparo,
sueltan barbaridades de vecinos cercanos.

A veces hablan de  mouros, conocidos seres mágicos,
viven bajo la tierra, casi siempre trabajando.
Como cuentan las leyendas, nunca hablan con humanos,
roban la comida  muy deprisa y sin descaro,
después vuelven bajo tierra para seguir trabajando.

El viento mece las hojas de un viejo tejo cercano,
es posible que algún druida ande cerca preparando
alguna mezcla de plantas, o algún pequeño contrato,
para así evitar las guerras, entre los pueblos cercanos.

Vuelvo a escuchar la curuxa esta vez en otro árbol,
dando vida en esta noche, a este bosque apagado,
que aunque no parece vivo, esconde vida en todos lados,
trasgus, xanas, mouros, bruxas,todos ellos seres mágicos.
habitan entre nosotros, y sin saberlo se hacen cargo
de meterse en nuestras vidas, incluso alguno hace daño.


Los caminos que nos separa de lugares encantados,
no suele ser muy grandes, ni tampoco complicados,
el problema es la ceguera que tenemos los humanos,
cuando en la edad adulta, nuestros ojos ya cerramos
y dejamos de soñar, abandonando a un lado
la existencia de la magia, la existencia de los trasgus.

Tras los muros puedo escuchar el miagar de un pequeño gato,
seguro que es de una bruxa que por aquí está pasando,
seguro que se ha bajado de su escoba en este llano,
para lanzar un conjuro al algún pobre ciudadano,
 algún desafortunado que con la bruxa se ha cruzado.

El bosque rezuma vida, el bosque respira magia,
los seres que en el habitan,  nos llenarían la mirada
si abriésemos bien los ojos, si escuchásemos con el alma.
El camino es muy pequeño, la distancia complicada,
yo les invito a ustedes, desde este canto de ayalga,
a usar los ojos de niños y a disfrutar de la magia. 

Paloma García Díaz

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