RECUERDOS DE UNA INFANCIA

Recuerdo una gran montaña picuda, y el sonido de un río revoltoso, de aguas heladas, residencia de muchos salmones que disfrutaban de vivir en el mundo donde mi infancia se desarrolló dentro de la más absoluta felicidad y tranquilidad.
 
En medio de los Picos de Europa, no parecía importar la lluvia, el viento ni la nieve, para impedirnos salir a jugar y revolotear por todo el pueblo. El escondite era el juego favorito de los niños del pueblo.
El guarda del bosque tenía una casita al lado de un huerto y pegadito al establo donde tenía las vacas y los cerdos.
 
En ocasiones me escondía en el establo, aunque el paso del segundo piso al primero pasaba por tener que descolgarme en el lugar donde las vacas tranquilamente pastaban , y me miraban con cara de gran sorpresa, cruzaba corriendo por encima del muro de la pocilga y lograba salir a la parte trasera del huerto desde el que no me era muy difícil alcanzar la casa y rescatar al resto del grupo.
 
Chiquito mordisco se llevó el pequeño hijo del guarda, al caerse entre la paja de las vacas antes de que yo pudiese cogerle de la mano, cosas de niños, decía su abuela, mientras consolaba al pequeño que ni tan siquiera tenía un rasguño.
 
En aquel lugar yo lograba creer en la magia, pensaba que si una xana podía escoger un hogar, la piedra colocada en el centro del pozo del Sella, donde cada tarde, de invierno y de verano, mi primo y yo nos bañábamos, sería un lugar perfecto, aunque a nosotros el dolor de los dedos de los pies, nos invadía hasta que no nos quedaba más remedio que salir del agua, saltábamos al agua desde el viejo árbol retorcido situado en "entre ambas aguas" y tratando de escondernos de los adultos para que no nos regañasen.
 
Quizás, las noches que nos escondíamos en el pajar para saltar desde las vigas más altas, podríamos habernos cruzado con algún pequeño trasgu, o escuchar el cantar de alguna Ayalga cautiva, cosa que ahora me hace darme cuenta lo simpático que es en ocasiones el destino.
 
Muchas noches mi primo me decía de volver a casa por la orilla del río, pero yo le decía que no, ya que les llavanderes, podrían vernos y no tendrían ningún reparo en ahogarnos en el río, el se reía y me decía que no creía en la mitología, me gustaría que pudiese verme ahora mismo.


Los ladridos de Jockey, mi perro, constantes y fuertes al sentir que me acercaba, suenan muy fuerte en mi mente, gran compañero de aventuras, gran amigo incondicional, siempre estará conmigo siempre tendrá un hueco en mi corazón.

Mi padre realizando muebles de madera, hombre,,, los últimos ya tenían hasta alguna utilidad, siempre contándome su vida en el mar y dándome todo el amor que sabe dar, en aquel rincón del mundo escondido entre montañas en el que los dos teníamos la misma sensación de libertad.


Y mi madre intentando robar todos y cada uno de los rayos de sol que era capaz de absorber por su piel, siempre morena con sol o sin sol, pero a ella le da la vida y la alegría el poder capturar toda la luz del astro, observando la dura tarea de bricolaje de mi padre y tratando de controlar cada uno de mis pasos para que no me hiciese daño.


¡Qué lugar tan increíble!, los ojos se llenan de colores, una gran gama de verdes cubren cada una de las laderas de las montañas que rodean mi pueblo. La Pica Ten , con su color de piedra y su aspecto tan imponente y mi bisabuela con el  miedo de que algún día una de aquellas montañas se derrumbase sobre el pueblo.


El sonido de mi querido Sella, la vista de El Salto de San Pedro, un salto de agua originado por los ríos San Pedro y Agüera, con una caída de 80 metros. Mi querida Ribota, olores a hierba mojada, embutidos caseros y recuerdo imperecedero de la compañía de mis abuelos.


Tierra de lobos y Jabalíes, tierra de sueños y magia, tierra de millones de estrellas en la noche y de millones de aventuras en el día. No se si volveré a verte, ni tan siquiera volver a sentir tus colores, tus olores, tu magia.. Pero en los recuerdos que mantengo con dura lucha en mi mente de Ayalga vivirán y no serán dejados atrás como quiere mi destino que haga.

Paloma García Díaz

6 comentarios:

  1. NO habia visto esto. Bellisimo.

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  2. Gracias, es genial cerrar los ojos y disfrutar de recuerdos como este.

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  3. Soy Paradise, me ha emocionado, gracias.

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  4. Gracias guapa, un besote gordo gordo.

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  5. Tal y como lo describes, querida amiga... hago las maletas y me voy a vivir a ese pueblo. Y en una de las maletas a la chica de esta tarde (te lo cuento por mensaje facebook) :D

    Impresionante descripción de corazón y el suceso de esta tarde de la chica, parece una parida, pero me ha replanteado la vida...

    Gracias por compartir tus recuerdos :)Besos

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  6. Algún día lo conocerás, y te vuelvo a decir, no le des muchas vueltas Josevi, no eres para nada una persona injusta. Un abrazo enorme amigo.

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