DIOSA CELTA, MORRIGAN

Morrigan, Morrigu,  Morigan, Morrighan, Morgana, son todos los nombres por los que esta diosa es conocida, relacionada siempre con la muerte y la guerra, aunque también con el amor y el deseo sexual que puede dar vida, como siempre en el universo celta la muerte y la vida relacionada. Esta diosa pertenece a los Tuatha Dé Danann por lo tanto a los mitos celtas de Irlanda.

Es una Diosa definida en el Glosario de Cormac como mater deorum hibernemsium  “nutridora de dioses”, también es conocida como “la gran reina”, “Diosa suprema de la guerra”, “Lavador en el vado, (cuando aparece lavando ropas de alguien que va a morir a la orilla de un rio”, “Reina de los Espectros”.
En el siglo IX encontramos la primera fuente, en un manuscrito que contiene la traducción del libro de Isaías al latín vulgar, una glosa explica “un  monstruo  en forma femenina, una morrigan”, el glosario de Cormac explica la palabra plural gudemain (espectros) con la forma plural, morrigan. El glosario de O´Mulconry en el siglo VIII, dice que macha es una de las tres morrigan.
De esta última afirmación obtenemos un dato nuevo, la diosa formaba una tríada con Babd y Macha aunque en ocasiones se la describe como diosa triple, sumando Bobdhy y Macha en una sola persona, Morrigan. Recordando que el tres, en la simbología numérica celta representaría totalidad y eternidad entre otras cosas.
Representada con armadura  y armas, presente en todas las guerras con forma de cuervo, su
lugar en la guerra es infundiendo ira y fuerza a los soldados para combatir.

En las leyendas se invoca a Morrigan en la batalla mediante una incitación de los cuernos de la guerra y graznidos de cuervo. Los cráneos de los caídos  en batalla se llamaban “las bellotas de morrigan” por lo que también podemos definirla como la diosa del destino humano.
Amante de reyes, y gran ayuda en las batallas de los Tuatha de Danann.  Bajo la forma de una atractiva joven intentó seducir a Cuchulainn, el mejor guerrero y el que más muertes provocaba, pero éste la rechazo dejándola de lado por ir a la batalla.
Ella despechada atacó a Cuchulainn de todas las maneras que pudo, pero éste la venció una y otra vez, finalmente descendió sobre él en forma de cuervo, cuando  ya estaba herido de muerte y atado a un árbol.
La aparición de Morrigan sobrevolando el campo de batalla hacía saber a los soldados que había llegado el momento de dar lo mejor de sí mismos, despreciando a la propia muerte, ya que la muerte en el universo celta no es el fin de una vida, sino el comienzo en el otro mundo.
Por eso en la batalla lo peor era ser prisionero o quedar tullido, no la muerte.  Cuando Morrigan se transformaba en cuervo o corneja, era habitual que fuese una profecía de muerte como cuando se presentó ante el Donn de Cuailnge, aunque no siempre sus profecías eran de muerte sino que en ocasiones daba consejos muy importantes, como cuando aconsejo a Dagda de cómo tratar a los formorianos enemigos de los Tuatha de Danann.


El amor carnal y la promiscuidad sexual es la mejor descripción de esta diosa, pero no como algo negativo ya que para los celtas el sexo nunca podía ser motivo para sentir vergüenza o
culpabilidad.
En una ocasión lanzó una profecía sobre el fin del mundo: “Veremos un mundo que no me querrá, habrá veranos sin pétalos, ganado sin leche, mujeres sin pudor, hombres sin valor, conquistas sin ningún fin... Bosques sin árboles, mares sin habitantes, juicios en falso contra hombres ancianos y sabios, malos defensores corruptos, todo hombre, un traidor; todo hijo, un ladrón. El hijo irá a la cama del padre, el padre a la cama del hijo. Cada uno de sus hermanos lo será por ley No buscará a ninguna mujer fuera de su casa... En un tiempo malo, la indecencia engañará a su padre, a su hermana defraudará….”


Paloma García Díaz

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