CARTA AL MARINERO

Querido Amigo:

Ayer tras entregarme la melodía que habías preparado para mi, pude oír tu mente y tus pensamientos eran muy oscuros, no comprendo como alguien como tú puede encontrarse con estos obstáculos hacia su felicidad, aunque tu sabes que las ayalgas tenemos la capacidad de escuchar cosas que otras personas no pueden y a parte de escuchar tu grito de auxilio también escucho la fuerza que tienes en tu interior, no me creo tu postura de persona acabada,  porque ni tu tan siquiera puedes creerlo.

Escucho dentro de mi mente siempre tu regalo, no te puedes imaginar lo importante que puede ser para una criatura cautiva desde hace años tener algo tan lindo y lleno de vida, algo que permita recordar un pasado más allá de estas paredes y respirar el aire puro, poder saltar sobre la hierba verde sintiendo el cosquilleo entre los dedos de mis pies, dejarme caer en un montón de hojas en otoño, o simplemente asomarme al mirador del Fito sintiendo el aire fresco acariciándome la cara, dejando cada pequeño espacio de mi piel saturado de oxígeno, sintiendo el fresco aroma de las flores de alta montaña mientras unos asturcones corretean juguetones por el Sueve.

Un salto desde el muro de la playa de San Lorenzo con la marea alta,  aterrizando en la espuma de una ola rabiosa que golpea el muro o tan solo un minuto en el rompeolas del muelle viendo la campa torres y sintiendo el olor a mar, mientras pequeñas gotas de alguna ola descontrolada mojan mi cara, añorando pasados inolvidables. 

Me has devuelto recuerdos, momentos pasados, pero sobre todo ilusiones por poder revivirlos en mi mente tantas veces como yo quiera. Ahora espero saber corresponderte como te mereces, y lograr borrar esos nubarrones negros que no te dejan ver la vida de otra manera, que te contagian de su odio y de sus chantajes emocionales, que no dejan que abras los ojos y veas que la salida a todo está más cerca de lo que parece, que eres muchísimo más fuerte de lo que puedas pensar nunca, y lo llevas demostrando año tras año.

Ahora me despido pero espero tu respuesta, y espero que vuelvas a contarme leyendas de esas maravillosas islas de las que dices que vienes.

Tu amiga la ayalga.

Paloma García Díaz

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