VISITA DE UN MARINERO

En una ocasión llego al pueblo desde tierras lejanas, un joven marinero, aun no se como ocurrió, pero mientras le escuchaba hablar con las campesinas, se creo un vínculo entre su mente y la mía, se sentaba al otro lado de los muros de mi prisión y me contaba todo tipo de historias, historias de su vida, problemas que tenía, fantasías de su tierra y recuerdos muchos recuerdos.



Me contó en una ocasión, que para llegar a las tierras donde yo habito, tenía que cruzar un largo camino a través del mar, muchos días navegando y muchas horas de trabajo para llegar y comerciar. Me habla de la tierra del sol, de largas playas de arena rubia y atardeceres de mil colores desde los pinares de unas cumbres repletas de sombras, luces y esplendor. Sus imágenes tratan de llenar mi mente, me hacen soñar con conocer otro lugar.



Me contó que en su tierra existía una leyenda de cómo llegaron los primeros habitantes a poblarla; “Al principio solo estaba el Dios poderoso y eterno Achamán, antes de el no había nada un inmenso vacío, el cielo no era reflejado por el mar y la luz no tenía color. Abora y Alcorac fueron nombres que también recibió este dios. Creo tierra, agua, fuego y aire, y lleno todo el espacio de vida. Habitaba en las alturas y en las cumbres para admirarse con lo que había creado.



Un día desde la cima de Echeyde, se admiró tanto de su obra que decidió hacer a los seres humanos para que ellos disfrutasen de lo que había creado y también hicieran uso y lo conservasen.



Según las creencias de mi tierra, Guayota vivía en el interior de un volcán (Echeide, el infierno “hoy en día el Teide”), era el rey del mal, un demonio, secuestro al dios del sol y de la luna Magec y lo llevo al interior del volcán. Los guanches pidieron clemencia a Achamán, el cual consiguió derrotar a Guayota, sacar a Magec de las entrañas de Echeyde taponando el cráter. Dicen que el color blanquecino que tiene el ultimo tramo del Teide es pan de Azúcar con el que Achamán cerró su cráter.

Desde entonces Guayota viven en el interior del volcán esperando una nueva erupción para poder escapar.”



Fascinada le escucho hablarme de su tierra, así como cuando me cuenta sus aventuras, me habla de su familia, y a veces me habla de su doncella. El me escucha paciente y aunque a veces me equivoco siempre me da su apoyo, sus respuestas inmediatas no tienen precio para mi, su presencia aunque lejana a veces es todo lo que tengo y en ocasiones cuando hablamos no necesito más, el apoyo y la comprensión, y por supuesto saber escuchar.



Es una amigo, un compañero y muchas veces codo con codo tratamos de solucionar problemas a nuestro modo, largas cadenas con millones de códigos para encontrar las respuestas a problemas banales que llenan nuestras vidas en algunos momentos.



Hace años que no le veo, solo le escucho, y con eso me vale porque se que siempre esta presente en mi vida y se que el sabe que siempre que necesite una amiga de forma incondicional allí estaré, poco puedo hacer desde mi cueva, escuchar, aconsejar, reir, llorar, pero lo que esté en mi mano el lo tendrá.

Paloma García Díaz

4 comentarios:

  1. precioso :P me encanta tu forma de escribir! Em recuerdas a una niña que describe las cosas que ve llena de curiosidad y emoción :)

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  2. yo creo que nunca se deja de ser niño, y cuando las cosas se dejan de ver con curiosidad y emoción dejan de ser interesantes. Un beso enorme Victor gracias por tu comentario.

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  3. Gracias a ti, por presentarnos al marinero :P

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  4. pues no te queda nada que leer del marinero. Un abrazo

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